Mujeres bomberas: “Nos demostramos constantemente que sí podemos”

mujeres bomberas
¿Cómo es ser mujer y bombera? ¿Cómo se articula el trabajo, la familia y la vocación bomberil? Tuvimos la grata experiencia de conversar con ellas: mujeres bomberas.

“Desde los tres años que juego a apagar incendios. Mi familia no entendía de dónde venía mi obsesión con los bomberos. La verdad es que siempre quise ser esto que soy”. Quizá, tradicionalmente, la anterior hubiera sido una declaración masculina, pero no es el caso. Es lo que nos contó Marcia Zimmermann, suboficial ayudante de primera, segunda jefa del cuartel de Dina Huapi, miembro del equipo de primeros auxilios emocionales de la provincia de Río Negro y una ferviente apasionada de la actividad bomberil, en la charla que mantuvo con Revista Ahora en el cuartel de bomberos de Dina Huapi.

Sucede que la vocación, cuando llega, no entiende de géneros ni de edades y se cuela, intrépida, donde sea. Al menos eso piensan Patricia Bayer (maestra de educación especial) y María Dolores Rodríguez Vosa (profesora de educación física), mujeres, madres y miembros del mismo cuartel, que descubrieron su vocación de bomberas siendo adultas y con familias ya constituídas.

Conversamos cinco mujeres, entre camiones de bomberos, mangueras y cascos. El resultado está plasmado en estas líneas.

Mujeres al frente del fuego

En los últimos años, en todo el territorio nacional, la presencia de las mujeres en los cuarteles de bomberos no ha sido ninguna novedad. El número ha crecido y las tareas asignadas son comunes a ambos sexos. Aun así el número de mujeres bomberas es notoriamente menor al de los hombres (alrededor de un 10% de los bomberos de todo el país son mujeres). ¿Cómo es ser mujer y trabajar en un ambiente claramente masculino?

Cuando llega la vocación, no entiende de géneros ni de edades, y se cuela, intrépida, donde sea.

“El de Dina Huapi es uno de los cuarteles de bomberos más jóvenes de la zona y desde el comienzo tuvo mujeres. Yo entré al cuartel cuando tenía 12 años y éramos 3 cadetes mujeres, por lo tanto hombres y mujeres siempre estuvimos muy integrados. Ahora somos 9 bomberas. Lo cierto es que la diferencia de género nunca se notó ni en el número ni en el trato. Diferente fue la situación de cuarteles más antiguos; ahí sí costó un poco romper el molde del género, que históricamente era netamente masculino”, cuenta Marcia.

Lo cierto es que la diferencia de género nunca se notó ni en el número ni en el trato.

En el inconsciente colectivo tenemos instalada la creencia de que un bombero debe desplegar una enorme cantidad de fuerza física, y que el varón es naturalmente más fortachón que la mujer. “La mayoría de las bomberas competimos con el hombre y, con tal de no darles el gusto, hacemos todo lo que haya que hacer”, bromean las tres. “Es una cuestión de superación constante. Cualquiera de nosotras puede agarrar una motobomba y cargársela sola para demostrarse a sí misma que sí puede, y es así todo el tiempo. Nuestros compañeros siempre nos ayudan, jamás nos dejas solas. Y a su vez nos piden ayuda a nosotras, porque está demostrado que en algunas situaciones las mujeres somos más efectivas que ellos”, agrega Marcia.

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Mujeres y hombre comparten el vestuario. Baños y duchas están separados por género.

Las tres bomberas, casi al unísono, hablan de que las mujeres son mucho más eficientes en los momentos donde es necesario contener emocionalmente a personas. “Tenemos otra llegada, otra dulzura y, solo por ser mujeres, tenemos otra sensibilidad. Aunque en momentos críticos tenemos que establecer una distancia emocional para poder hacer nuestro trabajo, siempre logramos tener una llegada diferente con las personas. Quizá sea una cuestión innata o cultural, no lo sé…pero en la práctica es así”, suma María Dolores.

Nuestros compañeros siempre nos ayudan, jamás nos dejas solas. Y a su vez nos piden ayuda a nosotras, porque está demostrado que en algunas situaciones las mujeres somos más efectivas que ellos

“Además, la mirada de la mujer es súper útil y necesaria. A medida que la  mujer se fue animando y participa en las actividades de los cuarteles se han podido cambiar un montón de modelos, desde la forma de apacitar a los aspirantes hasta la resolución de situaciones complejas. Las mujeres estamos acostumbradas a hacernos cargo de muchas cosas al mismo tiempo, como mujeres hemos conquistado un montón de espacios, hemos demostrado que podemos, que sobrellevamos situaciones mejor que ellos. Nos complementamos en muchas actividades y en esta también, concluye Zimmerrmann

Somos una familia

En un cuartel de bomberos de inmediato se respira un sentimiento de familia, de camaradería y un fuerte respeto por el grupo, que va más allá de cualquier individualidad. En el relato de estas tres mujeres no pasó desapercibida la importancia que se le da en el cuartel al cuidado mutuo de todos sus integrantes.

“Los lazos que se van creando en Bomberos son realmente muy fuertes. Nosotros nos involucramos en el ámbito profesional, por supuesto, pero eso trasciende a lo personal también. Todos sabemos las emociones que nos atraviesan a cada uno, compartimos mucho tiempo, muchas experiencias y enfrentamos las adversidades juntos”, reflexiona Marcia.

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Cada bombero tiene su propio traje a su medida.

A la hora de entrar en acción, la confianza y los lazos generados juegan un papel clave. “Es muy importante que nos conozcamos bien, saber cuáles son nuestros fuertes y limitaciones. Es momentos críticos es vital que todos sepamos cuando un compañero se va a ver excedido por algo, ya que eso nos permite no exponernos y cuidarnos entre nosotros. Podemos tener el mejor equipamiento y los mejores autobombas del mundo, pero acá lo que importa no es eso sino lo humano. Un autobomba, si no tengo bomberos que quieran salir, va a quedar ahí parado y yo sola no puedo hacer nada. Somos un equipo y nos tenemos que cuidar”, asegura Zimmermann.

Podemos tener el mejor equipamiento y los mejores autobombas del mundo, pero acá lo que importa no es eso sino lo humano.

“No todos los días son color de rosa. Somos una familia y dentro de una familia también hay roces. Pero lo bueno es que después de una intervención, se reúne el grupo, se charla sobre cómo se trabajó, sobre qué cosas se pueden mejorar. Es algo súper sano porque las cosas se dicen en el momento, no se va generando nada y es una gran contención emocional”, cuenta Patricia.

“Eso lo hacemos desde siempre porque nos parecía que era algo bueno para finalizar una emergencia. Después nos empezamos a capacitar en el cuidado emocional y lo empezamos a implementar con una técnica llamada diffusing. Lo que evitamos con eso es llevarnos los conflictos a nuestras casas, que no es algo menor: el mayor índice de divorcios se da entre bomberos, para que nos pongamos en contexto”, agrega Marcia.

El camino bomberil

Lejos del romanticismo que se genera en el imaginario colectivo, el del bombero no es un camino fácil. Para poder ser bombero es necesario ser mayor de 17 años y tener estudios primarios completos. En el curso de aspirante a bombero, cuya duración es de un año, se aprende todo lo que un bombero necesita saber: la reglamentación del bombero, todo referido a legislación, incendios de estructura, materiales, rescates vehiculares, traumas, comunicaciones, materiales peligrosos, rescate en altura y entrenamiento físico, algo relativamente nuevo en el programa. “Antes no se le daba importancia al entrenamiento físico, parece mentira. Nos confiábamos de la adrenalina del momento y pensábamos que con eso íbamos a poder hacer un montón de cosas. El Consejo Nacional de Bomberos impulsó un programa llamado bombero sano y ahí nosotros le empezamos a prestar más atención al asunto”, cuenta Marcia.

Además, todos los sábados, los bomberos que ya son parte del cuerpo activo reciben instrucción, rotando en diferentes temáticas. “Las prácticas son sumamente importantes, es lo que te va afianzando, más allá de las salidas. También hacemos trabajos en equipo y diferentes dinámicas grupales”, comenta María Dolores.

Es la vocación más linda del mundo.

Si bien muchas veces tienen que resignar tiempo con sus familias y amigos, estas mujeres sienten que la actividad bomberil les llena el espíritu. “Suena la sirena y vas al cuartel feliz, sea la hora que sea”, aseguran. “No siempre es fácil. Uno tiene su trabajo, su familia, sus hijos y dejar todo eso para exponerte a situaciones extremas, a veces se complica”, explica Patricia. “Pero la satisfacción que te da recibir el agradecimiento de la comunidad, el hecho de ayudar a las personas, de cuidar el lugar en el que vivimos, es algo invaluable”, completa María Dolores.

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“Lo más importante es el factor humano.”

¿Qué les dirían a las personas que están pensando en ser bomberos y no terminan de decidirse?, les preguntamos.

“Que no lo piensen más: es la vocación más linda del mundo. Nosotros vamos a los lugares de los que la gente huye. A las personas les pasan cosas y nosotros vamos a ayudarlos. Si recibimos un gracias es buenísimo, y si no lo recibimos el verdadero sentimiento de gratitud lo tenemos entre nosotros: ‘Ah, mirá qué bueno lo que hicimos’”, finaliza Marcia Zimmermann.

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