La memoria en tiempos de viaje

El término hipermnesia proviene del griego y significa “exceso de recuerdo”. Se trata de un don (o maldición para algunos) que permite recordar situaciones, cosas, diálogos e imágenes con un nivel de detalle excesivo y preciso. El síndrome de la prodigiosa memoria autobiográfica, lo padecía Ireneo Funes, protagonista del cuento de Borges “Funes, el memorioso”. En el relato, el personaje sufre un accidente a caballo que activa este conjunto de síntomas cognitivos anómalos. Funes sentenciaba: “Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. “

En contraposición al don de Funes, el común de las personas posee una memoria selectiva, es decir, recuerdan solo algunos hechos puntuales y otros, los borran. Los recuerdos están constituidos por información del pasado que se archiva en la memoria. La rutina diaria y el ritmo de vida actual se transforman en un gran filtro que reduce nuestra capacidad de recordar situaciones de la vida cotidiana.

Esta capacidad, en cambio, se agudiza en tiempos de viaje. Es más fácil tener recuerdos perspicuos de lo ocurrido aquella tarde de vacaciones visitando las ruinas incas en Perú, que la sucesión de hechos transcurridos en el colectivo camino al trabajo un día cualquiera en el año. Pareciera que los viajes estuvieran hechos de un material distinto al de la realidad, en el que la memoria se estimula y nuestra capacidad de recordar se incrementa.

La percepción del tiempo en los viajes

El neurocientífico estadounidense David Eagleman sostiene que los adultos tenemos un sentido más comprimido del tiempo que los niños, pero que al viajar, neurológicamente el cerebro adopta la misma posición de cuando éramos pequeños. Esto quiere decir que durante el viaje nuestra mente adquiere la capacidad de asombro que teníamos cuando veíamos las cosas por primera vez y esto nos permite archivarlo en la memoria en forma clara. La atemporalidad de los viajes hace que unas semanas de movimiento en la ruta puedan parecer una pequeña vida en sí misma.

De la manera que yo lo veo, la recompensa y el lujo más grande de viajar es, cada día, poder experimentar cosas como si fuera la primera vez, estar en una posición en la que casi nada nos es tan familiar como para darlo por sentado

Bill Bryson (escritor y divulgador científico)

1 capri[CÓMO OLVIDAR] – El desembarco inesperado en una isla del mar Tirreno. Isla de Capri, Italia.

Los recuerdos nos recuerdan quiénes somos

La psicóloga de la universidad de South California, Mary Helen Immordino-Yang realizó una serie de estudios en los que demostró que las personas que salen de su zona de confort tienen una idea más clara de sí mismos. Al vivir distintas experiencias y conocer nuevas culturas, se genera un proceso empático en el que se filtran creencias y valores. Por lo cual, nos pueden criar toda una vida diciéndonos lo que es bueno y malo, pero no sabemos si esto se ajusta realmente a nuestra personalidad si no experimentamos todas las experiencias posibles. Conocer es reconocerse.

Conocer a los demás es sabiduría; conocerse a sí mismo es iluminación. Quien dirige a los demás es fuerte; quien se dirige a sí mismo es poderoso.

Lao Tse

2 isla del sol[CÓMO OLVIDAR] – La odisea de cruzar una isla de norte a sur caminando. Isla del Sol, Bolivia.

Viajar revitaliza la mente, el cuerpo y el espíritu

Otra investigación del país del norte, publicada por la Journal of Positive Psychology afirma que la gratificación instantánea generada al adquirir objetos como ropa, zapatillas o joyas es únicamente transitoria pero que, al crear experiencias que perduren para siempre (como ocurre con los viajes) estamos invirtiendo a largo plazo en un futuro verdaderamente feliz.

3 paris2[CÓMO OLVIDAR] – Ese árbol que nadie vio bajo la gran torre. París, Francia.

El recuerdo es la expresión de que ha ocurrido un aprendizaje, por lo cual aumentar nuestra capacidad de recordar es volvernos más inteligentes. Es así como el movimiento de la ruta no solo nos revitaliza físicamente y nos hace sentir más felices, sino que además nos hace más sabios.

No me digas lo viejo que eres, o lo bien educado que estás. Dime cuánto has viajado y te diré cuánto sabes.

Mahoma

4 chimborazo[CÓMO OLVIDAR] – Estar en el lugar más cercano al sol. Volcán Chimborazo, Ecuador.

Una reflexión inevitable que surge de estas investigaciones es preguntarnos por qué algo que nos hace tan bien para el cuerpo, la mente y el espíritu tiene que ser una actividad que el ser humano se permite realizar solo un 4 % del año. Un hombre de 65 años, que se tomó 15 días anuales de vacaciones, dedicó solo dos años y medio de su paso por la Tierra a conocer nuevos lugares. En algún momento de la historia, el ser humano empezó a hacer mal las cuentas.

5 purmamarca[CÓMO OLVIDAR] – La intensidad de los colores del norte argentino. Purmamarca, Argentina.

Somos las experiencias que vivimos

Friedrich Nietzsche compara el proceso del olvido con el de la digestión del cuerpo humano. Sostiene que la función del sistema digestivo de separar las nutrientes esenciales (“asimilación corporal”) es semejante al proceso de olvido del hombre (“asimilación anímica”), facultad que actúa activamente registrando solo algunas experiencias y otras olvidándolas. Olvidar y recordar son elementos de una balanza interna que nos permite equilibrar nuestro sistema anímico.

Siguiendo la línea de pensamiento de Nietzsche, podríamos agregar a la célebre frase del filósofo Ludwig Feuerbach: “Somos lo que comemos”, la idea de que somos las experiencias que vivimos; entendiendo al viajar como el mejor alimento para el presente y la mejor inversión para el futuro.

Viajar no implica largas distancias, ni costosos paquetes. Viajar es una forma de entender la realidad, de no perder el asombro por lo simple y el respeto por lo que nos rodea. Es comprender, sobre todo, que hay una conciencia colectiva que nos une como personas, más allá del lugar donde nos tocó nacer.

Todo viaje agranda la memoria y una memoria grande ensancha la vida. Como dijo el viajero Carlos Olmo: “Viajar ensancha la vida, más vale una vida ancha que larga”. Nuestro deseo desde la revista, es que no te alcancen los brazos para abrazar la infinita magia que esconde cada rincón de la ruta y que el día de mañana en vez de contar los años que llevás de vida, cuentes las historias que coleccionaste.

Que los viajes te acerquen a la mejor expresión de tu esencia.

Buenas memorias viajeras y buenos microviajes para todos.

Lucas Bozzano

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Información del Autor

Lucas Bozzano es un apasionado de los viajes. Se graduó en la carrera de licenciatura en hotelería y trabaja en el rubro del turismo hace muchos años. Su gran motor es viajar y recorrer los caminos permeable a la hospitalidad de los pueblos. Militante del peregrinaje, propone cambiar la rutina por la ruta y aconseja a todo aquel que termine sus estudios universitarios, tomarse un año viajático. Lleva recorrido más de 20 países y 200 ciudades colaborando con medios impresos y digitales y compartiendo crónicas viajeras en su blog personal viajandoandamos.blogspot.com.ar

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