Iruya: el imperdible de cualquier viajero

Iruya.
Iruya.
Camino de cornisa, llegando a Iruya.
Camino de cornisa, llegando a Iruya.
Casitas desde lo alto.
Paisaje camino a San Isidro.
Paisaje camino a San Isidro.
Casas de adobe.
Casas de adobe.
Detalles desde lo alto.
Detalles desde lo alto.
Detalles del camino.
Detalles del camino.

Iruya es uno de esos lugares del norte argentino que te hacen sentir plena, llena de energía, con ganas de estar ahí.
Este relato fotográfico quiere acercarlos un poquito a este mágico pueblo que debería estar en la lista de todo viajero.


Nos esperaba un estrecho camino de cornisa, ripio, polvillo y mucha subida por delante. Nos habían aconsejado no ir en bicicleta y sabiendo las condiciones del camino, hicimos caso a las indicaciones. Un micro de línea salió desde Humahuaca con nosotros a bordo. El paisaje se iba poniendo cada vez más interesante, avanzábamos lento y por momentos parecía que nos íbamos a ir para atrás. Las ventanillas se abrían a cada rato, todo nuestro cuerpo estaba cubierto de polvillo. Intentaba apreciar el paisaje pero estaba demasiado mareada para disfrutarlo, sólo quería llegar. Después de 3 eternas horas ¡llegamos a destino!

El paisaje se iba poniendo cada vez más interesante, avanzábamos lento y por momentos parecía que nos íbamos a ir para atrás.

Iruya es un pueblito entre montañas que pertenece a la provincia de Salta pero la única forma de llegar es desde Jujuy -queda a 74km de Humahuaca-. Ni bien llegás encontrás varias personas ofreciendo alojamiento. La mayoría son casas de familia con cuartos y baños exclusivos para el turista –incluye ropa de cama-. Algunos también tienen cocina equipada. El hospedaje es muy barato -$40 por persona (septiembre de 2015)- y realmente vale la pena.

Iruya es un pueblito entre montañas que pertenece a la provincia de Salta pero la única forma de llegar es desde Jujuy -queda a 74km de Humahuaca-.

Iruya es un pueblo que camina lento, no sabe de calendarios y te invita a explorarlo sin brújula. Perderse entre sus calles empedradas, alejados del ruido, la polución, respirando aire puro, llenándote de energía. Te invita a sentir el momento, a vivir el instante, a entender de qué se trata el aquí y ahora. Fue amor a primera vista. Sentí armonía, sentí equilibrio, sentí buena energía, realmente sentí que quería estar ahí.

Iruya es un pueblo que camina lento, no sabe de calendarios y te invita a explorarlo sin brújula.

Sus casas de adobe aíslan del calor (en verano) y del frío (en invierno). No necesitan aire acondicionado porque están preparadas para ello… alejadas del consumismo y de la necesidad de poseer cosas materiales para tener una vida confortable. Iruya es sencillo, no sabe de lujos y en él se vive de la mejor manera.

Te invita a observar, mirar cada detalle, a captarlo desde lo alto y sentirlo puro, natural.

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Una maqueta en movimiento.

Caminando, siguiendo el curso del río, el sendero te lleva hasta San Isidro, otro pequeño pueblo escondido. El sol que se asoma entre sus rocas, te hace sentir libre, lleno de energía. Sus colores son mágicos.

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Una mirada.

Iruya invita a un viajero despreocupado del lujo, que desee desconectarse de la rutina, sentir el silencio y vivir el instante.


Ma. Leticia Villalba.
Fotografías: Nicolás Esteban González y Ma. Leticia Villalba.
Sin Rumbo y a Pedal

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Información del Autor

Lechu y Nico son una pareja viajera con el sueño de recorrer América Latina en bicicleta. Comenzaron su aventura en enero de 2015. Viajan despacio, conociendo pueblito a pueblito y sintiendo cada instante del camino. La esencia del viaje es crecer día a día aprendiendo del camino. Aman conocer nuevas personas y nutrirse de sus experiencias, cultura, forma de vida y de lo que cada una de ellas tiene para dar.

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