Predicarás tu historia

Cholitas sin apuro.
Edificio de Tupiza
Las calles hablan.
Las paredes hablan.
Montañas de colores en Tupiza.
Sopa de maní y fideos en el mercado.
Vías del tren que llega a Uyuni.
Vista panorámica de Tupiza desde el mirador del pueblo.
José Santiago viaja por Latinoamérica buscando transmitir lo que hay detrás del mundo que vemos. Cree que todas las personas que nos cruzamos tienen algo que decirnos y que en tiempos de tanta velocidad, vale la pena “perder” el tiempo en mirarnos y escucharnos. Aquí nos cuenta su encuentro con Isabel Ramos Ayllon en Tupiza, al sur de Bolivia.

Tengo tres hijos y mis padres muertos. Un marido alcohólico y hermanas que no me reconocen. Estoy sola. ¿Adónde voy a ir?  Todos me hablan de Dios. Son las dos de la madrugada de un sábado en Pueblo Nuevo y me arrodillo ante los pies del señor. ‘¿Si tu dios existes, dónde estás? ¿Por qué este sufrimiento?’ Y me responde con un viento fuera de lo común. Un viento que me pasa por el medio del cuerpo. Siento una ráfaga y esa paz. Aparecen pelotitas de tierra. Las muerdo. Después me levanto y no digo más nada. Desde ese rato puedo dormir.


Isabel Ramos Ayllon no delira. No al menos ahora que conversa en la puerta de un hostel en Tupiza, al sur de Bolivia. Pasado el mediodía la calma distingue a todos los ciudadanos de este municipio rodeado de cerros. Acá hay tiempo. Tiempo para conversar, mirar y caminar. Tiempo para hacer nada.

“Bolivia es un país que tiene amor. Los papás somos más protectores. No dejamos que nuestros hijos salgan jóvenes al mundo como veo con los turistas que vienen aquí. De todos modos acá hay mucha violencia en la juventud. Para mí por las medidas del gobierno: sacó un decreto diciendo que la profesora no puede pegar ni les puede llamar la atención. Antes teníamos más restricciones, estábamos más controlados”, cuenta mientras espera ansiosa nuevos extranjeros a quienes venderles el tour al Salar de Uyuni de cuatro días a 100 dólares por persona, como mínimo.

En este país, a excepción de las grandes urbes como La Paz, Cochabamba o Santa Cruz, la gente vive sin apuros. Apenas algunas aspiraciones, en lo posible alejados del consumismo salvaje.

Cuando habla, Isabel lo hace en nombre de Dios. Siempre. “Los cristianos tenemos la palabra que dice: ‘No hagan tesoros en la tierra. El ladrón viene, destruye y te quedas sin nada’. O si tú trabajas toda la vida, compras movilidad, compras hostales y terminas la vida y mueres. ¿Y de qué disfrutarás?”.

Su pregunta abre la puerta de una austeridad implacable, una elección al transitar la vida.

-Eso no quiere decir que vivamos en una carpa. También está escrito en la palabra: ‘El que trabaja lo ganará con el sudor de su frente’. El punto es no tener de más. Tú tienes un auto y está bien. Ahora otros compran un auto, otro más y es deuda y más deuda.

-¿A mayores deudas, menos posibilidad de sentirnos?

-Estamos pensando en el dinero, en el mañana. Que quiero tener casa de lujo, que quiero tener mi auto,  que quiero superarme y eso te toma casi todo el tiempo de tu vida.

-Hay personas que viven así y dicen estar felices o realmente lo están…

-Hablan por hablar. No les creo. ¿Por qué? Yo trabajo hace muchos años aquí. Tienen varios hoteles pero no hay un domingo que ellos descansen y vayan a la calle a comer o que digan ‘cerramos la oficina y vamos a un día de campo’. Sólo dicen ‘tienes que venir a trabajar ya’, no importa si es domingo o feriado.

-O eres dueño sin tiempo para disfrutar o un empleado pero con situaciones de ajustes. ¿No hay un término medio? 

-Depende mucho de uno. Yo quiero ser feliz con mis hijos. Prefiero estar más tiempo con ellos y disfrutar porque ese tiempo pasa y no vuelve. Sí, la necesidad de plata existe. Pero ahora que lo veo, lo material no es más importante que los hijos.

Isabel desnuda una verdad que le incomoda: “Me duele, no disfruté de mis hijos”.

***

p1000094A sus 40 años se hizo con la vida. Madre de dos hijas y un hijo. Dio a luz por primera vez a los 18 y lleva 23 años junto a su esposo.

“Hace poco quería separarme. Pero ahí estaba la palabra del señor. Él dice: ‘Lo que Dios unió que no separe el hombre’, explica convencida.

-¿Seguir aunque fuera muy doloroso?

 -No, no es doloroso. La palabra dice que lleves tu cruz aquí en la vida porque esa cruz yo la he escogido, no el señor. No puedo dejar a mis hijos sin padre. Yo he crecido sin padre ni madre y sé lo que significa.

La conversación se corta con el filo del dolor. Esta mujer madura de pronto es una hoja vulnerable. Otra vez el deber ser atravesando las decisiones, la mirada de los hijos innegociable. “Yo intenté dejar a mi marido, pero mis hijos tienen un punto de vista. Uno de ellos me dijo: ‘Si usted mami es cristiana, sabe: ‘Dios es la cabeza de la iglesia y el padre es la cabeza de tu casa’.  Y no puedo defraudarlos y menos conociendo la palabra de Dios”.

Cuando la tormenta aparece, su receta es orar y ayunar para encontrar la paz que sólo la siente quien la lleva adentro.

De su retórica la palabra entrega se repite una y otra vez. “El señor enseña que tenemos que ser una luz que alumbra. Si viene aquí un hombre bien borracho con su ropa desastrosa, no puedo decirle ándate. Le tengo que hablar del señor: ‘sabes, tu vida puede cambiar’. Y si viene un corbatudo rico y me dice ‘ya no doy más, tengo plata pero no soy feliz’, yo tengo que llevarle la palabra: ‘hay un Dios que te espera’.

Sin apuro, llega, entonces al quiebre de su vida. La entrega que la salvó:

-Me sentía sola y no sabía adónde ir. Tenía tres hijos y mi esposo tomaba. Mis hermanas no me reconocían en la familia. Me acuerdo: a las 2 de la mañana, me arrodillé y le reclamé: ‘Si tu Dios existe, ¿dónde estás? ¿Por qué este sufrimiento? Y él me respondió con un viento que me pasó por el medio del cuerpo. Sentí una ráfaga y esa paz. Aparecieron pelotitas de tierra y las comí. Desde entonces pude dormir.

La humanidad desde su visión

Si algo le duele a esta mujer de tez morena, cejas pronunciadas, es la humanidad que se pierde. “No conocen la palabra de Dios. Hay una salvación gratis y la temporada se va acabar. Las señales se vienen: que el fenómeno del niño, que la niña, que un meteorito y los científicos no demuestran en realidad como se ha hecho la tierra y la humanidad porque ya está escrito”.

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-¿Qué es la felicidad?

-En la tierra no hay felicidad. Mayormente sufrimiento. El señor ha hecho muchas cosas buenas. Pero se entrometió Satanás, el príncipe de la tierra que está gobernando ahora. Está el enemigo hablándote.

-¿Cómo se hace para que el “enemigo no hable más fuerte”?

-Orar y ayunar. La oración tiene poder. Al Diablo hay que desafiarlo todo el tiempo. Hasta el día que me muera va a estar contra mí peleándome.

***

Una niña de pelo negro juega al elástico y las ollitas. No tiene sueños. A sus cuatro años la vida la golpea cuando todavía no sabe del dolor.

Isabel se hunde en la búsqueda brumosa del recuerdo y dice:

-No conozco a mi mamá. Falleció cuando yo tenía cuatro años. A papá lo conocí y murió a mis 14. La vida se vino dando y de repente aparecí en la ciudad. Cuando yo desperté de ese insomnio, de ese dolor, mis hijos ya estaban grandes. La vida no me dio tiempo a pensar. Me enfoqué en mis hijos, siempre decía que ellos no deben ser igual a mí.

-¿Qué sería igual a ti?

-Sin padre ni madre. Porque cuando una persona crece sin madre no tienes amor. Toda mi vida me faltó ese amor de madre.

La respuesta rompe la quietud del mediodía. Sobrevuela en la vereda un dolor subterráneo y ella lo observa con entereza.

Después toma envión y habla apasionada del Movimiento Misionero Mundial y una radio cristiana que es su compañía. Conversará de la culpa –si es que existe-, los arrepentimientos y las tentaciones.

Entonces ella vuelve a pronunciarse, o mejor dicho, habla Dios mediante ella, tal como lo cree y afirma:

-Si tú fallas y te has entregado a Dios, tu nombre está escrito en el libro de la vida. Dios te dice: ‘Levántate, arrepiéntete, todo está bien’


jose-santiagoJosé Santiago nació en Argentina hace 28 años. Es periodista y ha trabajado en radios y como redactor en un diario de Córdoba, su ciudad natal. Publica crónicas, perfiles y relatos en revistas de interés general, literarias y en su página webwww.afavordelviento.com. Actualmente viaja por Latinoamérica e intenta transmitir lo que hay detrás del mundo que vemos. Un contador de historias, alguien que busca romper con la distancia para re-crear con el mundo del otro, el propio. Cree que todas las personas que nos cruzamos tienen algo que decirnos y en tiempos de tanta velocidad, vale la pena “perder” el tiempo en mirarnos y escucharnos. Página web:www.afavordelviento.com / Facebook: Jose Santiago/  Twitter:@josesantiagoo

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