Cañón del Colca, la cicatriz geológica del Perú

Existen momentos en nuestras  vidas que nos recuerdan que estamos vivos. Son instantes fuera del tiempo que despiertan esa curiosa sensación de plenitud muy común, pero inexplicable, que muchas veces roza lo místico. Todos la hemos sentido alguna vez, por ejemplo, al ver un amanecer, un paisaje, leer un libro, escuchar música, presenciar un parto o incluso mirando un cuadro. Lo sobrecogedor predispone a lo sobrenatural de manera inconsciente.

En todo viaje hay momentos en los que aparecen este tipo de sentimientos que nos hacen tomar conciencia de lo diminutos que somos con respecto al todo y nos invitan a reflexionar acerca del sentido de nuestras vidas. Si por ejemplo viajamos a Francia, la grandilocuencia y el exceso de la arquitectura gótica nos harán sentir minúsculos; si visitamos la ciudad maya de Chichén Itzá durante el equinoccio de primavera, el juego de luces y sombras que genera la ilusión de una serpiente descendiendo de la pirámide de Kukulkán nos hará replantear nuestras propias creencias; si contemplamos por horas la inmensidad de la cordillera de los Andes desde alguna de sus elevaciones en Chile o Argentina se agudizará nuestra intuición, que para algunos es la sabiduría natural.

Si viajamos a Perú, la monumentalidad de sus sitios arqueológicos y la intemperancia de las nubes que pintan el paisaje andino son las que despiertan estos sentimientos místicos que trascienden la razón. La cosmovisión del mundo inca se nutrió de estos escenarios naturales que interpelan en forma directa a todo caminante. El Cañón del Colca es uno de ellos, ubicado al sur del país en las proximidades de la localidad de Arequipa. Se trata del segundo cañón más profundo del mundo con una grieta que alcanza los 4160 metros y una longitud de más de 100 kilómetros.

Semejantes datos sobre su magnitud quizás sirvan para empezar a explicar por qué estas tierras deparan un encuentro movilizador.

La inmensidad de los cañones nos recuerda que estamos vivos
La inmensidad de los cañones nos recuerda que estamos vivos

De museo en museo         

Para conocer la gran cicatriz geológica debemos dirigirnos a la localidad colonial de Arequipa que nos da la bienvenida con uno de los centros históricos más hermosos de América del Sur, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Se trata de un museo al aire libre  que pinta las paredes del damero de historia viva y se transforma en el punto de partida que nos conducirá hacia la inmensidad del Valle del Colca, cuna del cañón y río homónimo.

Recorrer los 160 km que separan el enclave urbano de la grieta natural, es pasar de un museo a otro en el que el paisaje rutero comienza a ser dominado por terrazas de cultivo incas del siglo XV, que hoy siguen siendo utilizadas para generar el alimento que nutre a los pobladores del valle. Ver esta postal, desoladoramente impactante, implica bordear volcanes y atravesar literalmente montañas y ríos a través de caprichosas curvas.

Valle del Colca. Terrazas de cultivo incas del siglo XV
Valle del Colca. Terrazas de cultivo incas del siglo XV
Para llegar al cañón se deben atravesar literalmente montañas.
Para llegar al cañón se deben atravesar literalmente montañas

Latidos del valle

Las diferentes latitudes, el relieve y el clima originan una miríada de especies animales y vegetales que habitan los diferentes rincones de la profunda hendidura. Pero sin duda quien atrae las mayores miradas es el cóndor andino, que cada mañana se anuncia con su majestuoso sobrevuelo y genera la atención hipnótica de los espectadores que desde muy temprano llegan para ver el show de la madre Natura. Estas especies de aves son las más grandes y pesadas del planeta que pueden volar a elevadas alturas, utilizando corrientes térmicas ascendentes de aire cálido que les permiten estar cientos de kilómetros planeando con la sola extensión de sus alas.

Con un perfil escénico diametralmente opuesto al de las llamativas aves, la gran cantidad de reptiles que habitan el valle intentan camuflarse por las rocas y arbustos que tapizan las laderas de la formación montañosa.

Cóndor andino
Cóndor andino
Reptiles del Colca
Reptiles del Colca

El cañón se originó por movimientos tectónicos que permitieron que el río Colca se abriera paso para erosionar durante millones de años las paredes de la cisura. La transformación del paisaje de desierto a valle, puna y montaña nos sumerge en un preludio geográfico que termina con la herida geológica que corta a los Andes del oriente al poniente. El constante zigzagueo es el hilo de Ariadna andino que nos permite empezar a decodificar la inevitable sensación de pequeñez que despierta la grandiosidad del entorno cordillerano.

La herida geológica que corta a los Andes
La herida geológica que corta a los Andes

Luego de recorrer este milagro de la naturaleza, nos damos cuenta que el arte no solo está en los museos. Las manifestaciones de la creación son un grito de conciencia que invitan al respeto mutuo. El Valle del Colca es la prodigalidad de la Madre Tierra manifestada en volcanes, grietas y hábitats de vida salvaje en estado puro que invitan a reflexionar acerca de nuestra minúscula proporción en el planeta. Reconocernos chicos nos hace un poco más grandes y nos aleja del antropocentrismo inculcado desde que nacemos.

“Madre nuestra que estás en la tierra”

Días atrás se celebró el día de la Pachamama, la fe más antigua de América. Como decía el escritor Eduardo Galeano: “Ella no vive en el cielo, sino en las profundidades, la tierra que nos da de comer es la tierra que nos comerá”. Viralicemos el mensaje de concientización en forma lenta y sincera. El universo, en un acto sinérgico con la madre Natura, sabe que el tiempo, como la araña, teje despacio.

Lucas Bozzano

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Información del Autor

Lucas Bozzano es un apasionado de los viajes. Se graduó en la carrera de licenciatura en hotelería y trabaja en el rubro del turismo hace muchos años. Su gran motor es viajar y recorrer los caminos permeable a la hospitalidad de los pueblos. Militante del peregrinaje, propone cambiar la rutina por la ruta y aconseja a todo aquel que termine sus estudios universitarios, tomarse un año viajático. Lleva recorrido más de 20 países y 200 ciudades colaborando con medios impresos y digitales y compartiendo crónicas viajeras en su blog personal viajandoandamos.blogspot.com.ar

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